¿Yo aquí, quién allá?

Los caminos y estrategias que manejamos los seres humanos para justificar nuestras posturas o auto-vendernos la mula de nuestras ideas e intenciones son, particularmente, curiosos. Si ya es bastante que pretendamos ofrecer varias caras de acuerdo a la situación, en plan Jano, mucho peor es tratar de engañarnos a nosotros mismos. Lo más penoso de esto es que, realmente, no lo conseguimos sino que pretendemos creer que sí nos creemos la película. Toda esta cosa extraña que he dicho sirva de introducción para hablar de algo que estos días me está resultando algo fastidioso, por decirlo de alguna manera algo elegante, vamos, por usar un eufemismo.

Estoy completamente de acuerdo en que la gente debe buscar las vías para sobrevivir, realizarse, etc. Coño, pero que encima crean que eres idiota es lo que no me gusta. De mí se pueden decir mil cosas ciertas  y trescientos ciencuenta mil verdaderas de los tantos defectos que tengo. Ojo, no me maltrato, reconozco que además de talento, como todo el mundo, tengo defectos. Lo que si nunca se podrá decir de mí es que no soy honesto en mis relaciones con la gente. Y ya no me refiero a la honestidad de una mentirilla blanca, no. Hablo de la honestidad de vida. Esa que obliga a uno a arremangarse y decir: vale, esto soy yo, así vamos pa’alante. Esa honestidad me hace ser lo que ves y mostrar el intento de no dejar que las máscaras me transformen en una careta grotesca que de lejos pueda parecerse a mí. De esa honestidad hablo. La que no deja espacios en blanco ni medias tintas por el camino. Que si hoy soy un cabrón porque he tenido un día malo o porque estoy en plan malcriado, mostrarlo. Pero no de decir que hoy soy azul y mañana descubres que soy más verde que las montañas de Heidi. De eso ni hablar, que eso de los botes de humo a mí no me va.

Hoy creo que he comenzado el día con uno de esos extraños ataques primaverales en los que me da por limpiar como un poceso, solo que en lugar de mi estudio, necesito dejar fuera de la maleta lo que simplemente no sea lo que dice ser. O sea, que la cosa va en serio.

Esto está escrito de aquella manera, pero no regreso a esta historia ni para corregirla.

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