La Palabra

Caras

Una vez más me miro al espejo y no sé qué decirme. Creo que ya me estoy acostumbrando a este vacío de no tener la palabra adecuada al verme cada día. Seco mis manos y abro el armario como siempre, y como cada día, no sé cuál cara ponerme. De tanto usarlas las tengo un poco desgastadas. Lo más impresionante es que aún consiguen ese efecto increíble de la primera vez, es como si consiguieran convencerme –y convencerlos– de que son reales.

¡Cariño! –llamo a mi pareja–, ¿has visto mi cara de hombre bueno? Tengo que cerrar un trato en la oficina y me hace falta. Pero no me escuchó. Se había puesto su cara sorda esa mañana.

Restos de una conversación inconclusa…

La verdad es que desde que dejé Metrópoli me va cada vez peor. Primero me fui a Brasil y la cosa no pintaba nada bien, luego llegué a 1984 y ná, al final terminé en Matrix donde no pasé de ser un mísero signo de una larga ecuación matemática… ¡Ay, quién pudiera ser al menos la hipotenusa de algún cateto descarriao!

Sin comentarios


Transcripción de la nota del chico:

How Tired I am of this..
unbearable distance between us..
How long for the toll of the recess bell..
Have you forgotten me? Grown mindless of me?
Tell me I am not writing into an abyss..
or that is what will become of my heart…

Vale

Vale,
recojo los trozos esparcidos en mis ojos.
¿Y ahora qué?
¿Sacarás de nuevo tu fría sonrisa de la vieja chistera?
¿O es que no sabes que hay luces negras en la noche?
No, no empiezo de nuevo,
sólo marco el territorio de mi boca
con la cal de mi uñas.
La cal viva en estos poros
que rezuman lunas pegajosas,
trasnochadas, moribundas…

Sí,
en el amanecer muerto de tus manos.

Una casa de silencios

Una casa de silencios
se derrumba sobre mi.
Lentamente,
como un ritual
caen los años en pedazos moribundos.
Los miro como a extraños.
No me dan pena, lo reconozco.
Supongo que tampoco a ellos les doy nada.

Entonces,
este silencio sordo hace nido en mis entrañas.