Adalia

Salir de aquí

3

Julia contestó el teléfono con un gesto automático, mecánico. Sin embargo, algo cambio en su rostro al escuchar a su amiga. Adalia le contó su plan de dejarlo y marcharse, daba igual el sitio, el asunto era marcar distancia. Irse lo más lejos posible de aquel foco de locura, de aquella relación enfermiza.

Después de recuperar el aliento y tras algunos minutos, Julia salía en su coche a recogerla. Por más que lo intentaba no podía imaginársela en una situación semejante. Adalia saliendo casi a escondidas, de puntillas. Esto no tenía desperdicio. Además, el asunto debía ser muy extremo para llegar a esa nivel.

La encontró con la puerta entreabierta y sentada en silencio sobre una butaca baja. Fumaba lentamente un cigarrillo de tabaco rubio. Tanto quejarse del tabaco y siempre volvía a él. Decía que el médico la animaba a mantenerse en la lucha,  que no se diera por vencida con cada regreso, que mantuviera los ojos fijos en cada intento de dejarlo. Con Marcos no parecía haber funcionado esa estrategia. Allí estaba, dejándolo en el más absoluto de los silencios.

Sin hablar demasiado sacaron todas las cajas del piso. No le parecía posible que en aquellas cajas cupieran todas sus cosas, pero ella aseguraba que todo estaba allí. Le creyó con cierta resistencia, pero al final –se dijo– son sus cosas.  Cuando Adalia le dijo que quería llevar sus cosas a un guardamuebles, paró el coche en seco y casi le da un infarto. ¿Cómo que a un guardamuebles? Le explicó que no quería llevar las cosas a la casa de su madre. Las historias con ella nunca acababan bien y ya tenía bastante con lo de Marcos para encima tener actriz invitada.  Tal argumentación hizo mella en Julia que sin esperar confirmación enfiló hacia el centro, a un apartamento que estaba preparando para mudarse y al que le quedaba aún mucho trabajo. Ese será un sitio ideal para guardar tus cosas mientras se resuelve algo. Y ahora, ¿qué vas a hacer?, le preguntó. Por lo pronto, salir, salir de aquí. Dijo sin mirar a ningún lugar en concreto y sin mirar a Julia.

No está

2

Seguía frente a la ventana con la mirada perdida cuando sonó el teléfono por segunda vez. Dio un giro y contestó mecánicamente. Era Carlos, quería reunirse para ultimar los detalles de la campaña. Quedaron para almorzar. Por más que intentó parecer normal, Carlos se dio cuenta de que algo no estaba bien. Ya hablarían en la comida. De momento debía salir de sus pensamientos y volver al trabajo. A fin de cuentas eso le mantendría ocupado y no estaría todo el tiempo dándole vueltas a la cabeza.

El Tren

1

Las luces desaparecían fugaces a través de la ventana, la noche parecía engullirlas en su oscuridad. El tren avanzaba ligero, como si conociera los sentimientos que la desbordaban silenciosamente. En unos asientos cercanos, algunos jóvenes hacían más ruido del que deseaba escuchar. Se diría que venían de algún festival o de una de esas fiestas que duran hasta el amanecer. Una ironía, pensó. Solo tenía veinticinco años y ya se planteaba esa extraña distancia con los jóvenes. Sin quererlo se deslizaba a la real mayoría de edad y no le gustaba mucho la idea.

A pesar del ruido de los chicos y del leve dolor de cabeza pudo recordar la sensación de libertad que la invadió al sentarse en el vagón. Ni el mejor anuncio de tarjetas de crédito igualaría aquel momento. Ese instante verdaderamente no tenía precio.

El teléfono la sacó de sus pensamientos. Era él. Ya habrá notado que no estoy, pensó. No solo que no estoy yo, sino que no queda nada, nada mío en el apartamento.

Había sacado todo lo que consideraba suyo de aquel sitio estéril. Lo único que no pudo llevar consigo fue el tiempo perdido y aquel unicornio de Sonia que tanto le gustaba. El teléfono volvió a sonar. Lo miró con escepticismo hasta que dejó de sonar. Decidió apagarlo y justo cuando iba a hacerlo recibió un mensaje de texto. Se sobresaltó por la vibración y se rió de sí misma. Qué tonta, se dijo. Sabía que el mensaje era suyo. Después de pensarlo por un momento lo abrió como quien abre un sobre-bomba. ¿Dónde estás? Era lo único que decía.

¿Después de siete años es lo único que se te ocurre preguntar?, pensó.

–Lejos, lejos de ti, gilipollas, dijo en voz alta.

Los chicos del tren callaron y la miraron extrañados, mientras Adalia apagaba el teléfono.

Adalia

Hace tiempo que tengo un experimento narrativo acumulando polvo digital en el portátil. Hoy de decidido sacarlo y meterme algo de presión para ir trabajándolo. Se trata de las aventuras de Adalia, una chica normal. 

Se trata de un gusto narrativo sin grandes pretensiones, pero sí con ganas de diversión bajo la forme de pequeñas piezas narrativas relacionadas. Veremos dónde llega.