Ser contrario

«Si alguna vez te mueres ahogado, te buscaré en la naciente del río, no en la desembocadura».

Estas conocedoras palabras de mi madre han cobrado especial relevancia en esta mañana de domingo cuando hablaba con mi amiga Modesta sobre la «contrariedad de ser poeta». Esta contrariedad a la que me refiero no tiene nada que ver con un problema específico o una dificultad concreta, no. Hablo de la contrariedad vital, de la vocación de vivir la poesía en un mundo que vive y mira en otra dirección. La naturaleza del poeta le obliga a tener otras visiones, otras direcciones, todas ellas reunidas en una sola: la contraria. Hemos de ser contrarios en el pensar, el hablar, el vivir. No en balde al manejar la palabra lo hacemos de otra manera, con contrariedad. Sí, alevosa y necesariamente contrarios.

Hace algún tiempo, escribía un ensayo sobre lo «poético múltiple» y la relación del poeta con las posibles realidades, su interpretación de estas y su rol de intermediario con el resto del mundo. Esta intermediación sería imposible sin la contrariedad, sin esa vivencia oblicua a la que *Lezama Lima* nos convoca con tanta certeza. De la misma manera la «confluencia lezamiana» converge en el poeta y este la devuelve a su entorno una vez que la procesa por y a través de la contrariedad. De otro modo, sería ininteligible y en el peor de los casos, invisible al resto de los seres. Todo esto se condensa en la extraña capacidad del poeta de mostrar lo invisible, de contar lo inenarrable, de fluir contrariamente al río y mostrarnos cómo el mar no es más que otra ventana del manantial, sólo que más extensa.

Lo dicho, si no me encuentran, que me busquen en la naciente del río con mi ser contrario.

— Foto del Río Orinoco por hofiduciainte Kaushal bajo licencia Copyleft.

2 comentarios

  1. Hermosa reflexión. Me hace extrañarte. Extraño que te extrañe, pero cierto. Imagino que estoy falta de amigos, de conversaciones profundas, de escritos como este… Me encantó. Un besote para tí!

Deja un comentario