Plantar cara

Los días pasados han estado llenos de complicaciones. Pérdidas familiares, problemas de salud, amigos en situaciones difíciles, exámenes, mucha autoexigencia y una constante autovigilancia personal para no cagarla. Esto último tiene la particularidad añadida de que nunca, o casi nunca, tenemos referencias que nos permitan saber con precisión si lo conseguimos o no.

Ante este panorama he tenido que pensar y pensar y pensar…últimamente ha sido una gran actividad en mi vida, así que como le digo a Juan Rincón, esto no es otra cosa que una vuelta más para un ventilador. O sea, pensar y seguir pensando…eso sí, el pensamiento sin acción es un desperdicio. Todo este periplo que me he echao, es para reflexionar de alguna manera sobre las dificultades, los miedos y nuestras posturas ante estos señores -o señoras, según se vea.

El asunto es que da igual el tipo de miedo que tengamos, la maraña en la que estemos metidos, la terrible situación que atravecemos. No importa el sentir miedo, es normal, necesario y, sobre todo, es natural. La clave -de acuerdo a mis luces- reside en nuestra actitud hacia el miedo y todas sus manifestaciones. las reales y las imaginarias. Lo único que no debe ocurrirnos es permitirnos quedar inmovilizados, sin opciones, atascados, paralizados. No, eso definitivamente no nos ayudaría. Da igual si le tememos a una araña o a la vida misma con toda su magnitud, el miedo no conoce tamaños. Solo podremos seguir adelante (y adelante es pa’alante..ojo) si tenemos el coraje, aunque lo saquemos de un corazón hecho de tripas, de dar un paso tras otro en pos de nosostros mismos, de rescatarnos, de permitirnos la oportunidad de la lucha, de enfrentar, nuestro mayor demonio, el que llevamos dentro; ese que vemos en el espejo cada día. Allí está la piedra angular de nuestra historia, si conocemos a quien nos saluda cada mañana en el espejo, si observamos sus intenciones y estrategias, -esas que nos llevan por calles oscuras a velocidades vertiginosas- tendremos oportunidad de plantarle cara y decir: ¿qué pasa?

Es muy simple, no podemos luchar con aquello que no conocemos, y lamentablemente, nuestros miedos son solo hijos de nuestras entrañas. A veces malatradas, a veces dolorosas, a veces radiantes. Hijos son hijos, y lo mejor que podemos hacer con ellos es tenerles el ojo muy cerca.

7 comentarios

  1. Los hijos a veces salen díscolos y por mucho que los vigilemos siempre saben cogernos las vueltas para andar a su aire. Y además, plantar cara no siempre es fácil, a veces porque no se tiene la oportunidad. Precisamente cuando uno quiere gritar y romper platos, se hace el silencio. Mira, he descubierto un miedo más ancestral que a la vida misma: miedo al silencio, a la nada. Cuando se llega a ese punto, ¿qué se puede hacer? ¿Vivir en el silencio o buscar la manera de escupir a gritos todo el miedo?

  2. ah… el miedo… vaya compañero de viaje incómodo e impertinente donde los haya y, sin embargo, cual perro fiel nunca nos abandona…
    un animal que se siente amenazado ataca o, si lo cree oportuno, corre y así olvida… el hombre llevará el miedo en el saco de la memoria y cuando este se abra y nos juegue malas pasadas, hay que estar atento para que no se nos escape nada…

  3. ah…el miedo… vaya compañero de viaje incómodo e impertienente donde los haya y, sin embargo, cual perro fiel nunca nos abandona…
    un animal que se siente amenazado ataca o a lo sumo corre y así olvida… el hombre cargará con el miedo en el saco de la memoria… y cuando este se abra y nos juegue una mala pasada, hay que estar muy atento para que no se nos escape nada…

  4. Tambien tenemos que enfrentar que sin miedo no existe reto importante. Ese miedo a no lograrlo es lo que nos lleva a intentarlo. Y una vez que dejamos de intentar, comenzamos a morir. Qué tal si encaramos nuestros miedos como utensilios para el logro? Como el empujón que nos lleva a intentar, o como el templón de sábanas que nos despierta del letargo?

    No se, quizá soy sólo un optimista, pero a mi me funciona…

    He hecho mia esta frase: “Nuestra calidad de vida esta ligada directamente a la cantidad de incertidumbre con la que podemos vivir comodamente”… Me encanta el no saber que viene manana! Me basta saber que tengo la posibilidad de llegar a el…

  5. vale, asimilo que tengo que vivir con mis miedos y plantarles cara, pero plantarles cara implica, de un modo u otro, actuar y tomar decisiones y surge entonces otro miedo. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Cuál será la mejor forma de acertar y tumbar de una vez por todas a este asqueroso fantasma que no me deja vivir? El fantasma, el miedo, está ahí y por muy fuerte que yo sea nunca consigo deshacerme de esa otra forma de miedo que es la incertidumbre. Lei de pequeña, en uno de los libros que más mella ha hecho en mi vida, como unos pequeños aventureros se enfrentaban a una bifurcación en su camino y cómo se dejaban guiar unos por los datos racionales y otros por la intuición para seguir adelante. Y a esto nos tenemos que enfrentar cada día en la vida.

  6. El Miedo… como diría tu tocayo Pedro Guerra:
    “miedo que da miedo del miedo que da…”

    Dicen que el amor ahuyenta al miedo, pero también que el miedo ahuyenta al amor. Tal vez debamos amar cada día, cada cosa, aprender a amar incluso al mismo miedo.

    Woody Allen decía que el miedo era su compañero más fiel, pues jamás lo había abandonado para irse con otro. Así que tal vez debamos aprender a caminar con este incómodo compañero de viaje, pero sin dejar que sea él quien decida la ruta que vamos a recorrer.

  7. la verdad ,es que esta pagina se a convertido en una ventana mas de mi casa ,cuando regreso de trabajar me siento frente a ella como quien va a un parque a descansar escuchar y pensar ,a pesar que aún no sé cómo abrirla por completo, tú sabes cosas de capocha ,me encanta la variedad ,la cotidianidad de las fotos , ya casi que me los conozco a todos ,

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