Roca de sal

Al lugar donde has sido feliz es mejor que no trates nunca de regresar…

Eso decí­a un blues de Sabina que cantaba Miguel Ríos allá por los noventa, y que inmortalizaba esa idea que años después pude ver con claridad.

Es obvio, ya no estoy en ese lugar donde fui feliz. No es que no lo sea ahora, sino, que la memoria (esa verduga) nos disfraza el pasado con una gran cantidad de detalles enternecedores (a veces, lo reconozco) que en ocasiones logra tentarnos y hacernos extrañar el pasado. ¡¡¡Pero ojo!!! Que es una trampa. Podremos volver a un lugar que amamos y donde hemos vivimos cosas hermosas; podremos ver a las personas que compartieron esos momentos y esa alegría; podremos soñar con experimentar de nuevo aquellas emociones que nos estremecieron hasta lo más profundo. Pero no podremos volver realmente. Por una simple razón: nada es igual. Los sitios, las personas, los recuerdos, las sensaciones. Nada es igual y no lo será. Podrá ser diferente, parecido o mejor, pero no igual.

En este contexto trato de usar el pasado como catapulta que me lance a vivir con intensidad el presente, y que me permita discernir aquello que deseo hacer con fuerza y pasión…y me sumerjo en la locura de mi realización. Eso sí­, en 24 horas. Porque no tengo más que eso. Claro, cuando esas 24 horas se me acaben, ya tendré otras nuevas para seguir…o no…pero la historia es así­…la vida es así­, de riesgo, alegrí­a y pasión desbordada.

Todo esto me conduce a cerrar con otra canción que cantaba Miguel Rí­os: Todo a Pulmón; escrita por Alejandro Lerner sirve de icono con el que conjuro a mis amigos al final de cada concierto. Sí­, los conjuro a vivir y a arriesgarse, a asumir la lucha de dejarnos ser felices a nosotros mismos sin sabotearnos la historia…(que eso lo sabemos hacer bien)…como decí­a: arriesgarse a ser feliz, hoy, en estas 24 horas…Hey!!!! y sin mirar para atrás, que no querrás convertirte en una roca de sal, ¿verdad?

98.000

Acabo de leer con gran asombro en 20minutos que en España se abandonaron 98.000 perros en 2004. Eso equivale a 268 animales abandonados por dí­a, a 11 por minuto.

En cuanto leí­ la noticia, conecté de inmediato con El Prinicpito de Antoine de Saint-Exupery; en él descubrimos una inolvidable relación de El Principito con un Zorro, de una domesticación. También descubrimos lo que piensa el Zorro sobre los amigos:

-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestí­came!” (Cap. 21. Consultar)

Si como en las pelí­culas, pudiéramos saber lo que piensan los animales, seguramente nos avergonzarí­amos por lo mal que hemos llevado las cosas. Probablemente nos duelan mucho los perros, pero también me duelen las miles de personas que han muerto en las guerras, en todas, las publicitadas y las calladas. Las de las ví­ctimas silenciosas de los grandes intereses de mercado; las de aquellos que no pueden comer cuando los intereses de unos pocos realmente les ahogan y sobre todo: las de los amos de la guerra y del terror; y las de la indolencia que mostramos los que no estamos “tan mal”.

En realidad podrí­a soltar un discurso de esos que todo el mundo conoce; de esos que hacemos a fin de año, con ánimo de buenos propósitos. Pero no. Voy a limitarme a contribuir con mi experiencia -que al fin y al cabo es lo único que realmente es mío.

Como se que es imposible arreglar todo, al menos ayudaré con lo que está a mi alcance. Cerca de mi. A los que veo a diario, los que comparten este camino de aprendizaje, esos que de alguna manera han escogido acompañarme en este tránsito. Esos que con su vida me ayudan a borrar de mi mente el tristemente célebre refrán que dice “mientras más conozco al ser humano, más quiero a mi perro”. Y si a mi perro le hago esto…