Oportunidad y riesgo: lorcamente teatral

Acercarse a Lorca es una oportunidad y un rieso. Es la oportunidad maravillosa de descubrir la profundidad de este autor unversal, que como pocos, ha sabido retratar lo extraordinariamente poética que es la riqueza popular y folclórica. Es también asomarse a la experiencia teatral desde una perspectva más “abierta” a cualquier persona, no solamente a los entendidos en asuntos del arte.El encuentro con el poder de la palabra es patente en el texto Lorquiano, y en La casa de Bernarda Alba, es de una conmoción absoluta. Es imposible mantenerse impávido ante la contundente realidad que plantea en este Drama de mujeres en los pueblos de España. El texto es tan fuerte que más de uno de los que me acompañaron a ver la versión de Amelia Ochandiano en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, salió trastocado. Y no es para menos. Fue muy intenso el trabajo de Adriana Ugarte como Adela y Nuria Gallardo como Martirio. En realidad alcanzaron unos niveles de dramatismo y —sobre todo— de “verdad” impresionantes. Lamentablemente no pasó lo mismo con la Bernarda de Margarita Lozano, muy floja y desdibujada, supongo que no estaba en su mejor día -físicamente hablando- o que tiene una falla de dirección. En fin, que no respodió a la fuerza de La Poncia de María Galiana y con ello se perdió el eje de tensión y poder que estructura y sustenta la obra. Una pena.

En general,la puesta es una extraña mezcla de detalles acertados y otros muy, muy extraños. No comprendo el uso de ciertos elementos gráficos que fueron proyectados sin conexión con el hilo del austero discurso estético. Tampoco siento el lugar del Misterio de las voces búlgaras. Y de lo de Mozart es mejor ni hablar. Acciones imprecisas e irresueltas, actrices como extraviadas algunas veces, me dejaron una extraña sensación de desilusión. Y lo que menos me agradó fue el obvio suicidio de Adela en escena. No comprendo por qué dejarse tentar por la imagen fácil y el teatro resultón en una obra de esta categoría. Extraño también la fuerza de la casa como elemento vertebrador de la acción general. Maki me colgará por esto, pero no puedo evitar expresarme en términos menos personales:

“Ante la oportunidad de montar a Lorca a veces se pierde uno en el riesgo de no llegar a ser Lorcamente teatral.”

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