Ni una gota de sangre correrá lejos de mi boca

Ni una gota de sangre correrá lejos de mi boca.
Ni una.
Ya debes saberlo.
¿No oyes acaso las rocas de mi río?
Caen de la sien eterna de mis dolores,
los del parto de mis hijos escapados.
Lejos de tu mano ausente y moribunda.
Lejos de tu sonrisa ridícula,
de tu pobreza huérfana y abandonada.

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