Ni conquista ni desconquista

Hace tiempo leí en un cartel (afiche) una frase, que curiosamente me desconcertó al momento. Tarde unos minutos en darme cuenta de la trascendencia de la misma. Decía lo siguiente:

“No dejes que una conquista te conquiste ni que una derrota te derrote”

La verdad es que era bastante simple de entender -a saber dónde tenía yo la cabeza en el momento de leerla.

El asunto es que la frase ha surgido en mi memoria por la experiencia de un amigo que lo está pasando mal con un proceso amoroso y creo que viene como anillo al dedo a manera de recordatorio para tod@s.

Mi interpretación del texto en cuestión es: mantenerme enter@ y equilibrad@ en momentos buenos y no tan buenos. Claro, es muy simple de decir, sobre todo cuando un@ se plantea diversas expectativas y si estas no se cumplen, entonces vienen los lamentos; creo que sería mucho más edificante, generoso y amoroso con nostr@s mism@s si en lugar de expectativas y triunfos/fracasos, nos planteamos las cosas como procesos que dan un resultado, más o menos próximos a nuestros deseos, pero siempre con una visión de aprendizaje y nunca de lastre, más bien, de estímulo para seguir caminando en pos de nuestras metas.

En este sentido les propongo dejarse conquistar por la desconquista y vivir en la libertad de crecer con lo que encontremos cada día, que a fin de cuenta y como digo siempre, lo único que tenemos es: HOY.

1 Comment

  1. Siempre digo que “el que espera, se desiluciona”, y por eso siempre me dejo sorprender por lo que me llega, aunque lo haya esperado toda mi vida…..

    Recuerda Pedro, “Por que no te casaste con el?”… “Pues, para que pudieras preguntarme eso mismo hoy”….

    No es entregarse a un “destinismo” donde no caben las sorpresas porque “todo esta escrito”, pero si dejarse llevar por la vida, y hacer de cada momento glorioso, no importa cuanto dolor no pueda haber traido.

    El 19 de Noviembre pasado, en mi cumpleaños, me desperté por la ausencia de mi perro despertándome. Al salir lo encontré expectorando sangre. En ese momento me di cuenta que ya se acababan los momentos de gloria que durante 12 años el me había dado, incondicionalmente, como lo suelen hacer estos “los indudablemente mejores amigos del hombre”. Y entonces lloré. Y ya. Mucho más grande fueron los momentos que pasamos juntos, que el dolor que era saber que no lo tendría mas. Allí me dejé conquistar de nuevo por el recuerdo de su conquista inicial. Nunca hubo derrota.

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