Memoria y pobreza

Desde hace tiempo escucho ideas y expresiones sobre el tercer mundo. Y siempre me ha resultado molesto el sentido peyorativo de las mismas. En términos muy actuales diríamos que se trata de una discriminación positiva basada en ciertos indicadores o valores. Obviamente, dichos indicadores son establecidos por aquellos países que no se incluyen entre los del tercer nivel. Pero esta historia no fue siempre así.

Si damos una breve mirada al proceso histórico desde mediados del siglo XX hasta ahora, notaremos que se han producido cambios extraordinarios y muy radicales en vida del ser humano en este planeta. Hemos tenido países en la más absoluta ruina, como Alemania, países divididos y destruídos entre hermanos, como España, países llevados al más absoluto fracaso político, como la antigua URSS, países que ya no existen, como Yugoslavia, países que migraron por el hambre y los horrores de la locura de lo señores de la guerra, como muchos europeos, países americanos que fueron(?) ricos alguna vez, y que tuvieron buenas relaciones (de interés bien enraizado con algunos amigos ex-coloniales). En fin que si como Mafalda decía el Mundo no tiene término de referencia real, solo interéses políticos, no sabríamos quién ha pasado de arriba a abajo ni de rico a pobre ni viceversa, como diría Benedetti.

Todo este periplo desordenado y rebujao, no tiene otro sentido que recordarnos que lo que hoy es no sabemos si será y que es mejor asumir la vida en el ojo del otro, que la muerte en nuestra soledad segura.

Ya podemos ponernos como nos parezca, nos guste o no, pero si no somos solidarios con el otro y con los otros, con toda seguridad el suicidio social nos alcanzará más temprano que tarde.

Como despedida les dejo un texto de Donne que Hemingway incluyó en ¿por quién doblan las campanas?

“Nadie es una isla completo en si mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”

John Donne.

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