Marido, maridazo

Querida Petarda: he estado queriendo escribirte desde hace mucho tiempo para solicitar tu consejo y ayuda, pero no conseguí reunir el valor suficiente. Hoy, después de leer tu artículo sobre las relaciones de pareja, he tomado la decisión. Hace algunos años que estoy casada. Me casé con mucha ilusión, pero con el pasar del tiempo, la historia ha cambiado mucho. Mi marido que era cariñoso de novio, ahora se ha vuelto seco e indiferente. Incluso ha llegado a sugerir que soy poco agraciada y tonta. El trabaja como comercial en uan empresa importante y yo paso al vida con las cosas de casa. A veces pienso que me mira como si fuera inferior a él, y la verdad es que me siento muy decepcionada. Yo pensaba que eran cosas mías, pero algunas amigas me dicen que también han notado el cambio. Yo lo quiero, pero no deseo que me trate de esa manera. ¿Qué puedo hacer?

¿De casualidad tú no serás tonta no?, ¿o es que no te das cuenta que tu marido es un gilipollas? Cariño, los hombres, una vez que tienen lo que deseaban se desentienden del asunto. Y ese, lamentablemente, es un problema cultural. No me dices nada de tus estudios. Ni nada de tus valores como mujer. ¿Acaso no los tienes? Nosotras somos parte de una sociedad que se regodea en limitar a las mujeres y restringir su participación en la vida a dos cosas: parir y cocinar. ¡¡¡¡Y una mierda!!!!!! Nosotras tenemos mucho, mucho poder. Lo que a veces nos falta -y me perdonas las franqueza, como en tu caso-, es la inteligencia de usarlo. Y no digo que seas tonta, porque al menos has tenido el valor de buscar ayuda. Que mira, si no sabes cómo resolver el asunto, al menos te buscas la vida preguntando.

Vayamos al asunto. Es probable que tu madre te dijera que tenías que obedecer a tu marido, que no le reclamaras cuando llegara borracho o se fuera de juerga con los amigotes, o cuando llegara a las tantas después de ponerse bien en el bar jugando dominó o simplemente callarte cuando no te echara cuenta. Te voy a decir la verdad: eso es una grandísima mentira. Y ya es tiempo de que una mujer grande te diga las cosas como son:

Lo primero que hay que aclararte es que TÚ eres una persona completa, y bájate del burro de la media naranja y su puta madre. Esa mariconada no existe. Cada persona es completa en sí misma y debe ser culpa de Disney o de quien sea, la estúpida idea romántica del alma gemela y esas chorradas.

Segundo: cariño, cuando a una no le dan lo que se merece, respeto, afecto, y todo lo que se supone que lleva el asunto de serie, lo más sano es aclarar las cosas, y si no llegamos a un acuerdo hacer la pregunta de rigor al susodicho: ¿vienes o te quedas?, si no viene lo mejor es dejarlo. Y a otro perro con ese hueso. Que hombres es lo que sobra en este mundo y no hay nada que se resista a un buen par de tetas y si tienes ovarios suficientes para quererte a tí misma, te sobrarán para mandarlo a la mierda o al fundillo de su madre, de dónde probablemente no debió salir nunca.

Tercero: vive, que cada día es único. Regálate algo y por favor… no dejes que te manipulen por los dineros. No hay perras que paguen la infelicidad de una mujer. Pues nuestra naturaleza es al de ser reinas de la vida y no esclavas de ningún cabrón.

Ea, que no se diga que no te contesté claramente. Tú misma.

La Petarda.

Y que se olviden de réplicas que ese regalo no se lo doy ni a aquel que corre el riesgo de vivir a mi lado. ¡No! (este advervio me encanta).

[Publicado originalmente el 19 de enero de 2007]

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