La pregunta en mí echó raí­ces

La pregunta en mí echó raí­ces
rompiendo mis cerrojos dolorosamente.

¿Dónde?
¿dónde iré con esta herida dolorosa?
¿en qué calle podré gritar tu nombre como un conjuro?
No existe sosiego para este sueño sin comienzo,
no hay descanso para esta piel envejecida.
Sin embargo,
la tormenta se adivina en tus ventanas
y mis cabellos ya comienzan a saltar.
¡No tengo paraguas!
¡Mójame entonces!
Empapa el fuego de estos huesos
y libera esta lengua inacabada
cautiva entre tus manos.

No me cuentes tu historia de mañana.
¡Hoy!
¡Hoy es cuando vivo!
llámame después.

08 de mayo de 1996

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