Posts Tagged: Redes sociales


16
Ago 09

Hablando a la pared

La Pared – Fotografía de Superkas83 bajo licencia CopyLeft

Hace poco hablaba con un compañero por twitter (@eraser) y teníamos una de esas conversaciones particulares sazonadas por nuestras ocupaciones y cosas propias del día. Él con sus hijos preparaba una sesión veraniega de piscina mientras yo escribía.  Al mismo tiempo seguíamos el flujo de twitter y su pulso particular, la “macro conversación”.

Dentro de las cosas que hablamos fue de lo que llamamos “no conversation, no fun”, expresión que resume de manera precisas nuestra aproximación al uso de Twitter. Curiosamente, todavía hay personas que reclaman que Twitter no es un chat. Y estoy completamente de acuerdo con ellos: no es un chat, es un macro-chat. Miles de conversaciones simultáneas, hilos que tejen ideas y ventanas extraordinarias para relacionarse con las personas. Insisto es mucho, mucho mejor que un chat. Y eso es simplemente extraordinario.

En el otro extremo de esta historia aparecen los que hablan en una sola dirección y en un solo sentido (personas, instituciones y/o empresas), olvidando que el estado actual de la red y su utilidad se debe eminentemente a la participación de los usuarios, pues sin usuarios la Web 2.0 simplemente no existiría.

Surgen entonces una pregunta fundamental: ¿basta con abrir una cuenta en Twitter, Facebook o en cualquier otra red social para ser parte real de la vida en  red? No parece ser así. Justo cuando la tendencia apunta a “formar” comunidades a través del uso de las nuevas tecnologías, empeñarse en vivir a solas equivale a estar hablando a la pared. Y, las paredes, no contestan.


12
May 09

Creando puentes

Tendiendo puentes. Foto de Julen Landa (licencia CopyLeft)

Tendiendo puentes. Foto de Julen Landa (licencia CopyLeft)

Hace algunos días hablábamos en uno de los encuentros de TwittSev sobre Los Puentes de Madison, una conocida película de Clint Eastwood protagonizada por Meryl Streep. Mucho sentido tiene el que la conversación se produjera en un encuentro de personas con diversas experiencias vitales, perspectivas de vida, ocupaciones e intereses. Eso sí, con un elemento en común: Twitter.  En la conversación hablamos sobre las implicaciones de los puentes como elementos conectivos, ya no solo en el mundo físico, sino como símbolo y –casi– signo de lo que las relaciones humanas suponen.

Muchos puentes hemos tenido que tender y muchos más tendremos que levantar si queremos que esta experiencia de vida cobre el sentido realmente trascendente que por definición entraña. A veces me pregunto si soy un puente huraño o con difíciles instrucciones para ser transitado, pero luego descubro esa faceta intensa, apasionada y vehemente que no hace más que caracterizarme y ser quien soy.  Yo soy mi puente.

Es genial cómo la experiencia de encuentro ha cobrado una dimensión especial a la luz de las nuevas tecnologías. Ayer publiqué mi tweet número 1400 y reflexionaba sobre cómo Twitter representa una ventana desde y hacia la vida real de las personas, complementando y expandiendo –como dirían los Zemos98– toda posibilidad de descubrir que somos una aguja en un pajar lleno de agujas con necesidad, vocación y naturaleza de encuentro.

Hoy le he dado un sentido nuevo al puenting… ;-)


30
Sep 08

De palabreros moribundos

Logo de FacebookLeo en Ciberescrituras, de mi amiga Juliana Broesner, una reflexión francamente interesante a propósito de un artículo que publicó Carlos Nery y que tituló Faceboox como la muerte de la palabra. Los comentarios que ha suscitado son varios y yo, como buen curioso y como la cosa va de muerte, me arremango y cojo vela en el entierro.

Voy a dejar de lado teorías de la comunicación, postulados de la sociolingüística y sucedáneos por ser francamente aburridos. Eso sí, deseo mantener algunas ideas fundamentales que he destilado de tanto rodar.

Como amenaza inicial debo coincidir con mi amiga Juliana en que tampoco acepto las 250.000 invitaciones a juegos, aplicaciones extrañas, copas, besos y demás variaciones que se envían en el más puro estilo espámnico (me gusta este palabro que me acabo de inventar, igual no es original, pero me gusta). Ea, dicho queda.

En su artículo, Carlos dice lo siguiente:

Día a día uno va experimentando una nueva forma de comunicación o vinculo social, que prescinde de la palabra y apela a las mil y una formas de las aplicaciones de Facebook para comunicarle al otro algo.

Facebook se ha convertido en el reino de la palabra sustituida, por mates, corazones, test de inteligencia, invitaciones a grupos donde nunca pasa nada y todo un cotillón de recursos para decirle al otro nada, pero a su vez mostrarle que lo recuerda.

Lo anterior hace que me cuestione si no debemos ser partícipes activos de todo acto de comunicación, al menos cuando se supone interpersonal. Por otro lado, somos libres de usar un medio de comunicación específico y un código concreto. Es nuestra potestad. Comunicarse no siempre implica la utilización de signos, lingüísticos o no… dije que no hablaría en términos técnicos.

Lo voy a poner más simple y criollo: en Facebook no contesto todas las invitaciones a grupos que me llegan (tengo la precaución de mirarlos un poco antes), no acepto todas las invitaciones de aplicaciones insólitas, no acepto todos los regalitos –si es que puede llamárseles así– y nunca envío esas cosas. Digamos que mi experiencia con Facebook es un reflejo de mi vida diaria en la que –si tengo la suerte y el privilegio– puedo escoger con quién, de qué y cómo hablar de algo en concreto.

Las redes sociales no deben confundirse con nuestro entorno social, son solo un elemento más que nos brinda herramientas muy poderosas en el establecimiento y desarrollo de dicho contexto social. En cualquier caso, la experiencia en este tipo de sistemas estará siempre bajo nuestra responsabilidad. Por lo tanto, es inútil plantear que Facebook o cualquier aplicación orientada a su uso social cumpla nuestro papel. Ya debe ser momento de ser responsables de nosotros mismo y eso incluye – aunque nos duela– el reconocer que si la palabra muere en nuestra percepción del entorno social –digital o no–, es porque simplemente ya no estamos vivos.