Nov 3

De entierros y suspiros

Por Pedro Carrillo

Retomando la atención a mis lectoras he encontrado una carta que me ha dejado –a mí– un poco fuera de contexto.

Querida Petarda, hablando con mi amiga me he quedado muy sorprendida cuando me dice lo siguiente:

- !Y a mí qué coño me importa que en Francia haya ganado las elecciones el Sarcoma[sic] ese, si lo que yo necesito es un hombre que me lleve a cenar, no me hable de fútbol toda la noche y me eche un buen polvo!

!Ay¡ amiga, por muy lamentable que nos parezca tu amiga está en lo cierto. Aparte de saber que los asuntos políticos son extremadamente aburridos y manidos, ya hemos visto todo lo que teníamos que ver. Y en última instancia –y que conste que no lo justifico– no se puede entender la política, ni acercarse a ella desde una buena perspectiva con una cama vacía, y las hormonas destrozándonos la existencia. Aunque duela hay que reconocerlo. Y para muestra solo hace falta ver la cara de mal follados que tiene algunos de nuestros políticos, que son para echarles de comer aparte.

Es que no hay nada como ver el amanecer después de una noche llena de lujuria y placer…pensar que somos tantos los que estamos a dos velas que esto está empezando a parecer un entierro –y no de los que yo deseo precisamente.

A lo mejor lo que nos hace falta es una buena política sexual que eche a andar nuestros engranajes oxidados y lubrique nuestra memoria, eso sí, suave pero intenso y sin pausa.

Nov 3

Baile y pisotones

Por Pedro Carrillo

Hoy no es uno de mis mejores días precisamente. Estoy fatal. Me duele la cabeza, el invierno me asfixia y no sé si en realidad me asfixio por el frío y el encierro o por mi propia mierda. Da igual. Hoy debí quedarme en casa, echadita en el sofá con la mantita. Y dejar que el puto mundo siga su puto rumbo hacia la puta mierda.

¡¡¡Vale sí, tengo la regla y qué pasa!!! Ojalá a los hombres le dolieran los güevos alguna vez para tuvieran una visión más cercana a la realidad de las mujeres. Cabrones. Estoy sensible, lo sé…tengo las tetas hinchadas…lo sé…no me aguanto ni yo, y ese es mucho decir. Y lo que más me mosquea es llegara casa y conseguir un vacío digno del Titanic después del hunidmiento. Y eso, lamentablemente es peor que una regla. Por supuesto, me lo he ganado a pulso. Y a ostias si ha sido necesario. Porque aunque me duela hasta el pelo, tengo claro que no caminará nadie por encima me mi vida. Nadie. Y si no encuentro un compañero de baile que realmente acompañe, ¿para qué coño querría yo que me pisaran los pies? Ni de coña.

Hoy me han mirado como a un ser extraño en la redacción. Bueno, aunque soy un poco extraña, todo hay que decirlo. Pero me refiero a otra cosa. Y debo decir que mis compañeros tiene razón, no soy de las mujeres comunes y eso es una pena. Soy extraña, distinta, como decía la Peca Dora, pero no tan intelectual como cuenta de esa gente. Soy visceralmente distinta, una luchadora. Y no hay hombre en este mundo que merezca mis dolores y tristezas si no está dispuesto a bailar y cuidarme los callos. Por lo pronto, mi carné de baile (qué vieja estoy ya) parece estar a la espera de algún valiente.

Esto está como lo de Men in Black… cuando se me pase la regla, no recordaré nada de esto

[Publicado originalmente el 26 de enero de 2007]

Nov 3

Marido, maridazo

Por Pedro Carrillo

Querida Petarda: he estado queriendo escribirte desde hace mucho tiempo para solicitar tu consejo y ayuda, pero no conseguí reunir el valor suficiente. Hoy, después de leer tu artículo sobre las relaciones de pareja, he tomado la decisión. Hace algunos años que estoy casada. Me casé con mucha ilusión, pero con el pasar del tiempo, la historia ha cambiado mucho. Mi marido que era cariñoso de novio, ahora se ha vuelto seco e indiferente. Incluso ha llegado a sugerir que soy poco agraciada y tonta. El trabaja como comercial en uan empresa importante y yo paso al vida con las cosas de casa. A veces pienso que me mira como si fuera inferior a él, y la verdad es que me siento muy decepcionada. Yo pensaba que eran cosas mías, pero algunas amigas me dicen que también han notado el cambio. Yo lo quiero, pero no deseo que me trate de esa manera. ¿Qué puedo hacer?

¿De casualidad tú no serás tonta no?, ¿o es que no te das cuenta que tu marido es un gilipollas? Cariño, los hombres, una vez que tienen lo que deseaban se desentienden del asunto. Y ese, lamentablemente, es un problema cultural. No me dices nada de tus estudios. Ni nada de tus valores como mujer. ¿Acaso no los tienes? Nosotras somos parte de una sociedad que se regodea en limitar a las mujeres y restringir su participación en la vida a dos cosas: parir y cocinar. ¡¡¡¡Y una mierda!!!!!! Nosotras tenemos mucho, mucho poder. Lo que a veces nos falta -y me perdonas las franqueza, como en tu caso-, es la inteligencia de usarlo. Y no digo que seas tonta, porque al menos has tenido el valor de buscar ayuda. Que mira, si no sabes cómo resolver el asunto, al menos te buscas la vida preguntando.

Vayamos al asunto. Es probable que tu madre te dijera que tenías que obedecer a tu marido, que no le reclamaras cuando llegara borracho o se fuera de juerga con los amigotes, o cuando llegara a las tantas después de ponerse bien en el bar jugando dominó o simplemente callarte cuando no te echara cuenta. Te voy a decir la verdad: eso es una grandísima mentira. Y ya es tiempo de que una mujer grande te diga las cosas como son:

Lo primero que hay que aclararte es que TÚ eres una persona completa, y bájate del burro de la media naranja y su puta madre. Esa mariconada no existe. Cada persona es completa en sí misma y debe ser culpa de Disney o de quien sea, la estúpida idea romántica del alma gemela y esas chorradas.

Segundo: cariño, cuando a una no le dan lo que se merece, respeto, afecto, y todo lo que se supone que lleva el asunto de serie, lo más sano es aclarar las cosas, y si no llegamos a un acuerdo hacer la pregunta de rigor al susodicho: ¿vienes o te quedas?, si no viene lo mejor es dejarlo. Y a otro perro con ese hueso. Que hombres es lo que sobra en este mundo y no hay nada que se resista a un buen par de tetas y si tienes ovarios suficientes para quererte a tí misma, te sobrarán para mandarlo a la mierda o al fundillo de su madre, de dónde probablemente no debió salir nunca.

Tercero: vive, que cada día es único. Regálate algo y por favor… no dejes que te manipulen por los dineros. No hay perras que paguen la infelicidad de una mujer. Pues nuestra naturaleza es al de ser reinas de la vida y no esclavas de ningún cabrón.

Ea, que no se diga que no te contesté claramente. Tú misma.

La Petarda.

Y que se olviden de réplicas que ese regalo no se lo doy ni a aquel que corre el riesgo de vivir a mi lado. ¡No! (este advervio me encanta).

[Publicado originalmente el 19 de enero de 2007]

Nov 3

probando, probando…1,2 3

Por Pedro Carrillo

Después de mucho discutir con la gente, cosa completamente inútil, he decidido mandar a mis amigos a la mierda. Sí, a la mierda. Me tenían hasta el coño. Y no esperen que me disculpe por el lenguaje, yo soy así, y al que no le guste, que se vaya a la mierda también. En fin, lo que decía. Después de el manicomio navideño salpicado de polvorones (sólo los de Antequera, que conste y no por falta de empeño) y licores varios acompañados de bacanales –literales–, pues, como diría… estoy como una vaca. Y lo peor, como una perra-vaca…ay de mi, quién me iba a decir que con este tipazo que tengo iba a estara dos velas en plena temporada invernal. La verdad es que es de pena. Pero bueno, así son las cosas. Me derrocharé en demostraciones de amor propio…jeje

Para consolarme…jejeje…. y distraer mis hiperatareados sentidos, que son muchos y muy sentidos, he decidido comenzar este blog. Estoy segura de que muchos me leerán en la revista, lo sé, reconozco mi fama e importancia, pero esto es más…directo, digamos. El editor pondrá el grito en el cielo, y me da igual, por mi útero que me da igual. Yo, ante todo, me debo a mi público y vosostros entendereis que quiera atenderos directamente. Por lo que de ahora en adelante tendremos dos frentes de batalla: el Consultorio de la Doctora Corazón, en la revista, y este blog en el que unos amigos me han dicho que puedo escribir. De momento me despido porque tengo que ir al gimnasio a ver si algo de los 500 kilos de grasa horripilante que me he metido entre pechos y espalda logra desaparecer.

Por cierto, lo de mis amigos…no es que los mandara a la mierda de verdad, es que ellos saben que soy muy temperamental y me pongo histérica perdía cuando se ponen gilipollas, pero en el fondo saben perfectamente que los adoro. Ay que me pongo marujona sentimental…!!!!

Aprovecho y mando saludos al Pupi y al Pancho, que como siempre están atentos a mis cosas. Muak y muak!!! Nos vemos!!!!

Publicación original el 8 de enero de 2007.

Nov 3

¿La Petarda?

Por Pedro Carrillo

Sí, La Petarda es un personaje que apareció en un proyecto de escritura colectiva y del que he decidido rescatar algunos de sus textos.

Ahí queda el aviso.

Oct 1

Salir de aquí

Por Pedro Carrillo

3

Julia contestó el teléfono con un gesto automático, mecánico. Sin embargo, algo cambio en su rostro al escuchar a su amiga. Adalia le contó su plan de dejarlo y marcharse, daba igual el sitio, el asunto era marcar distancia. Irse lo más lejos posible de aquel foco de locura, de aquella relación enfermiza.

Después de recuperar el aliento y tras algunos minutos, Julia salía en su coche a recogerla. Por más que lo intentaba no podía imaginársela en una situación semejante. Adalia saliendo casi a escondidas, de puntillas. Esto no tenía desperdicio. Además, el asunto debía ser muy extremo para llegar a esa nivel.

La encontró con la puerta entreabierta y sentada en silencio sobre una butaca baja. Fumaba lentamente un cigarrillo de tabaco rubio. Tanto quejarse del tabaco y siempre volvía a él. Decía que el médico la animaba a mantenerse en la lucha,  que no se diera por vencida con cada regreso, que mantuviera los ojos fijos en cada intento de dejarlo. Con Marcos no parecía haber funcionado esa estrategia. Allí estaba, dejándolo en el más absoluto de los silencios.

Sin hablar demasiado sacaron todas las cajas del piso. No le parecía posible que en aquellas cajas cupieran todas sus cosas, pero ella aseguraba que todo estaba allí. Le creyó con cierta resistencia, pero al final –se dijo– son sus cosas.  Cuando Adalia le dijo que quería llevar sus cosas a un guardamuebles, paró el coche en seco y casi le da un infarto. ¿Cómo que a un guardamuebles? Le explicó que no quería llevar las cosas a la casa de su madre. Las historias con ella nunca acababan bien y ya tenía bastante con lo de Marcos para encima tener actriz invitada.  Tal argumentación hizo mella en Julia que sin esperar confirmación enfiló hacia el centro, a un apartamento que estaba preparando para mudarse y al que le quedaba aún mucho trabajo. Ese será un sitio ideal para guardar tus cosas mientras se resuelve algo. Y ahora, ¿qué vas a hacer?, le preguntó. Por lo pronto, salir, salir de aquí. Dijo sin mirar a ningún lugar en concreto y sin mirar a Julia.

Sep 29

No está

Por Pedro Carrillo

2

Seguía frente a la ventana con la mirada perdida cuando sonó el teléfono por segunda vez. Dio un giro y contestó mecánicamente. Era Carlos, quería reunirse para ultimar los detalles de la campaña. Quedaron para almorzar. Por más que intentó parecer normal, Carlos se dio cuenta de que algo no estaba bien. Ya hablarían en la comida. De momento debía salir de sus pensamientos y volver al trabajo. A fin de cuentas eso le mantendría ocupado y no estaría todo el tiempo dándole vueltas a la cabeza.

Sep 15

El Tren

Por Pedro Carrillo

1

Las luces desaparecían fugaces a través de la ventana, la noche parecía engullirlas en su oscuridad. El tren avanzaba ligero, como si conociera los sentimientos que la desbordaban silenciosamente. En unos asientos cercanos, algunos jóvenes hacían más ruido del que deseaba escuchar. Se diría que venían de algún festival o de una de esas fiestas que duran hasta el amanecer. Una ironía, pensó. Solo tenía veinticinco años y ya se planteaba esa extraña distancia con los jóvenes. Sin quererlo se deslizaba a la real mayoría de edad y no le gustaba mucho la idea.

A pesar del ruido de los chicos y del leve dolor de cabeza pudo recordar la sensación de libertad que la invadió al sentarse en el vagón. Ni el mejor anuncio de tarjetas de crédito igualaría aquel momento. Ese instante verdaderamente no tenía precio.

El teléfono la sacó de sus pensamientos. Era él. Ya habrá notado que no estoy, pensó. No solo que no estoy yo, sino que no queda nada, nada mío en el apartamento.

Había sacado todo lo que consideraba suyo de aquel sitio estéril. Lo único que no pudo llevar consigo fue el tiempo perdido y aquel unicornio de Sonia que tanto le gustaba. El teléfono volvió a sonar. Lo miró con escepticismo hasta que dejó de sonar. Decidió apagarlo y justo cuando iba a hacerlo recibió un mensaje de texto. Se sobresaltó por la vibración y se rió de sí misma. Qué tonta, se dijo. Sabía que el mensaje era suyo. Después de pensarlo por un momento lo abrió como quien abre un sobre-bomba. ¿Dónde estás? Era lo único que decía.

¿Después de siete años es lo único que se te ocurre preguntar?, pensó.

–Lejos, lejos de ti, gilipollas, dijo en voz alta.

Los chicos del tren callaron y la miraron extrañados, mientras Adalia apagaba el teléfono.

Sep 15

Adalia

Por Pedro Carrillo

Hace tiempo que tengo un experimento narrativo acumulando polvo digital en el portátil. Hoy de decidido sacarlo y meterme algo de presión para ir trabajándolo. Se trata de las aventuras de Adalia, una chica normal. 

Se trata de un gusto narrativo sin grandes pretensiones, pero sí con ganas de diversión bajo la forme de pequeñas piezas narrativas relacionadas. Veremos dónde llega.

Dic 10

La sorpresa inesperada

Por Pedro Carrillo

“Quizás yo tema tanto a la muerte —el atardecer, ese umbral, la vida verdadera después de la oscuridad, el tiempo del sacrificio, y del amor y de los sueños y de las orgías y de los cuerpos— justamente porque, aunque no lo sepa, no me parezca que la vida sea un infierno, sino al contrario. Y espero sentado, aquí, en la luz artificial que me fabrico después que afuera ha anochecido, y duermo lo menos que puedo, y duermo con todas las luces del piso encendidas. ”

Así habla José Donoso en su obra póstuma Lagartija sin cola (Alfaguara).

Puedes leer un adelanto aquí.

Buen descanso, maestro.