Un lazo por la vida
No crean que me he sobrepasado con el tamaño del lazo de la lucha contra el SIDA, incluso debería usarlo más grande.
Esto lo digo porque parece ser que nos estamos acostumbrando a su presencia y a su significado y estamos perdiendo esa postura de alerta que tuvimos durante algunos años.
Los riesgos de contaminación por VIH siguen siendo muy altos y se han incrementado debido a la “pereza” por usar preservativos y al urgente necesidad de vivir ese “instante” de placer.
¿Hemos perdido entonces la batalla de la prevención? No lo sé, espero que no. Pero mientras nuestras instituciones no asuman categóricamente su lugar en la prevención y formación seguiremos en grave peligro. Y cuando hablo de instituciones inluyo a la familia –como elemetno fundamental en la conformación de las personas–, de los sistemas religiosos y de las intituciones políticas.
Mención especial merecen los sistemas religiosos que muchas veces prefieren jóvenes expuestos al riesgo del contagio y la muerte antes que asumir que la sexualidad es una hermosa manera de vivir y expresar el placer que su “dios” regaló a las personas. A este respecto, sigo creyendo profundamente que el placer es el último bastión de la libertad personal y por eso es la meta a destruir por los controladores en la liberación personal de cada historia. Jamás, jamás concedan algo de verdad a alguien que –vestido de oveja, de lobo o con zapatos rojos de Prada– les diga que no son dignos siquiera de disfrutar de su propia persona y de la hermosura de compartir la alegría de celebrar la vida.
P.D: cuídense, ámense por favor, que no quiero seguir despidiendo a mis amigos