Habré de andar descalzo

Habré de andar descalzo
y ligero de equipaje,
quitaré con tiempo
tanta costra innecesaria en este andar plomizo
empeñado en arrancar las uñas
que mastican mis piedras cenicientas.

Descansaré, entonces,
de mi propia sombra que
exhausta,
no podrá buscarme a cada paso.

Olvidado de mí
el tiempo, el escape de este párpado silente
y esta seca boca de callar.

Sí,
ligero.

Tres ojos del pasado,
tres manos calentitas abrigándome la noche
y lo puesto que es mi fiesta
desnudo de sueños por cumplir
sin deseo agazapado entre los dedos.

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