Entre los muros

Este es el nombre de la película que muy tristemente han traducido como La Clase. Su nombre original en francés es Entre les murs; nombre mucho más adecuado para la gran metáfora que nos propone.

Como si de un gran homenaje a la Caverna de Platón se tratase, la obranos sitúa dentro de una clase de un instituto parisino de educación secundaria. Los alumnos son variopintos y de diversas nacionalidades. Los problemas no se hacen esperar y el paseo de cuestionamientos varios -algunos más sutiles que otros- inundan la pantalla y nos retan abiertamente. Desde la identidad sexual de un maestro casi mago, hasta preguntarnos por lo que “esconde la verdad”… claro, la verdad de cada uno. 

Mi percepción es la de haber descubierto una obra que nos pregunta sobre el mundo tan desestructurado que tenemos, el cómo llegamos aquí y qué pensamos hacer para salir del marasmo, si es que lo pensamos. 

En estos días en que todos estamos revueltos por la implantación del Plan Bolonia en las universidades españolas, es propicio preguntarnos por el aprecio que tenemos hacia el proceso de enseñanza-aprendizaje. ¿Realmente lo hacemos bien?, ¿son las instituciones educativas justas en sus miradas?, ¿los estudiantes lo son?, ¿la sociedad entera qué hace?, ¿participa o solo mira?

Desde mi experiencia en la educación española tengo algunas ideas claras: las instituciones no están (y muchas no quieren estarlo) a nivel de lo que el Plan Bolonia les va a exigir; los estudiantes sufrirán el ser fruto de un proceso educativo arcaico e incompleto, los políticos mirarán a otro lado, como siempre y el problema nos desbordará en las ansias europeístas mal asumidas y peor integradas.

Si yo fuera religioso y judeocristiano, sería un Abraham que cree y negocia por un resto: el Resto, que a pesar de todas las locuras y desenfrenos que el egoísmo, las ansias de poder y las mezquindades propias de seres inferiores, sigue adelante creyendo en la educación como clave en el desarrollo y construcción de una sociedad más justa y coherente.

Les dejo el trailer de la película. Disfrútelo.

3 comentarios

  1. No lo has podido definir mejor, y encantada de haber visto la película con los mismos ojos. No, nuestro país no está preparado para tanto cambio, ni quiere estarlo. Es un país con hastío por la educación, con un sistema de esclavos para los profesores y de intereses para los alumnos, con lo cual, o nos espera la muerte y el renacer, o realmente mucho cambio de mentalidades tiene que haber. Siento ser tan cruda. Ya sabes que yo lo veo desde dentro, y además en un día en el que me entero de nuevas estructuras legales que siguen dando pasos atrás, en falso y sin mirar. Y hasta el moño.
    Un besito

  2. Opinión sobre “Entre los muros” o “La clase”

    Ayer, después de mucho tiempo, fui al cine a ver “Entre los muros” o “La clase”, del director francés Laurent Cantet. No me quiero referir al argumento, a sus premios o a las críticas favorables que ya se han escrito. Quiero escribir sobre las reflexiones que me ha producido.
    Soy un docente maduro, de Mar del Plata, Argentina y desde hace varios años trabajo en el sistema educativo oficial. Quiero escribir sobre el múltiple fenómeno socializante de la educación.
    La educación pública en la historia cercana de mi país tuvo distintos períodos, con distintos objetivos desde el gobierno de turno:
    – 1870 – 1940: Se buscó extender la enseñanza elemental para conseguir una uniformación de la población ante el fenómeno de la inmigración europea. Saber leer era una habilidad envidiada. Cultura del folletín, el libro, el diario. Los gobiernos creen que necesitan ciudadanos ilustrados y buscan aumentar el capital humano.
    – 1940 – 1990: El mundo estaba dividido entre “los buenos” y “los malos”. En la escuela el maestro era el portador de los saberes, que eran entregados como herramientas a los alumnos para que estos se labraran un seguro porvenir, dependiendo de su sola voluntad. El progreso y el ascenso social eran posibles y aún seguros para los más capaces. Las actividades sociales eran múltiples y los clubes sociales y deportivos tenían mucha concurrencia, se hacían desfiles y reuniones públicas. Los gobiernos perdieron de vista a la educación como prioridad en los gastos.
    – 1990 – 2009: En el mundo cayeron el comunismo y el neoliberalismo. La globalización termina con las seguridades de fuentes de trabajo y los trabajadores cambian fácilmente de lugar de trabajo. Aumenta la informalidad y el trabajo “en negro”. La institución familiar se desmorona, por separación y/o divorcio de los padres, etc. En la escuela se busca teóricamente hacer posible el diálogo maestro – alumno. El aislamiento social de jóvenes y adultos está fomentado por el uso autista de la televisión, los juegos electrónicos, la informática y la decadencia de los servicios sociales de clubes y otros centros. Auge de las adicciones.
    Los gobiernos caen en la cuenta que cuando más ignorante y empobrecido es el pueblo, más fácilmente se lo maneja. No existe un modelo buscado de país.

    A pesar de la crisis económica mundial actual, si el gobierno argentino quisiera mejorar la tarea educativa, debería:
    – Asumir la necesidad de la protección, formación y diálogo con los niños y adolescentes.
    – Reconocer la función socializadora de la escuela, que reemplaza y/o cubre múltiples carencias institucionales (familiares, sanitarias y sociales).
    – Aprovechar, potenciar, capacitar y favorecer la tarea de los maestros y las escuelas.
    – “Adoctrinar” y formar amplia y profundamente a los directivos de las escuelas según el modelo de alumno y de país que se busca conseguir.

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