El agujero y el ombligo

Esta tarde me he descubierto un agujero encima del ombligo. En principio no le di mayor importancia, pero a medida que avanzaba el día comencé a urgarlo como quien se rasca con el gusto y la alegría del descubrimeinto infantil. Descubrí que después de tanto jaleo comenzaba a desgarrarse por un lado. Paré instantáneamente. ¿Y si se rompe del todo? Me pregunté. Bien, si se rompe, ya veré qué pasa. Dije, y volví a la tarea de urgar, rasgar y abrir.

Lo que no estaba preparado para ver era que podía distinguir cosas allí dentro. Lo primero que alcanzaba a ver era algo así como la torre de un edificio bastante alto. ¿Cómo? Me dije. Estoy fatal. Después de hiperventilar un poco mientras me tapaba el ombligo con las dos manos en actitud de «esto no me puede estar pasando». Me decidí: le di un jalón y pude verlo todo con claridad. Había un mundo entero allí y la verdad es que me inquietaba eso de que lo tuviera dentro y que lo pudiera ver a través del ombligo. Intenté inclinarme más para ver con mayor claridad y en un esfuerzo monumental me doblé tanto que me caí dentro del ombligo…

Lo que debería vernir a continuación de este breve relato tendría que ser muy interesante y seguramente nos resultaría muy enriquecedor si nuestro personaje no hubiera desaparecido al plegarse sobre sí mismo y convertirse en una especie de accidente espacio-temporal del que no podemos tener constancia real de su existencia. Por lo tanto cumplo con el deber de agradecer al lector el tiempo dedicado a la lectura de este texto.

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