centrar re-centrar

Hace poco hablaba con mi amiga Juliana y para explicar una idea tuve que echar mano de un ejemplo algo curioso: el equilibrio químico. En versión para mortales: este equilibrio es el balance y estabilidad alcanzada varios elementos en un proceso químico. La clave: se mantiene estable. Y claro, si miramos las palabras equilibrio y estabilidad, nos daremos cuenta de que es en la química donde estas palabras tienen sentido, o como dirían los lingüistas en definición por oposición: es en la vida diaria donde no aparecen frecuentemente 🙂

La cosa es que le contaba a Juliana de cómo mi vida es como un proceso químico que en algunos momentos alcanza un “aparente” esquilibrio. Sin embargo, rápidamente los componentes de este proceso químico-vital vuelven a cambiar con la necesidad de encontrar de nuevo su punto de equilibrio a través de una serie de reacciones. El ejemplo me resulta útil porque descubrí que con frecuencia desarrollo un gran apego hacia un determinado punto de equilibrio, entiendo que a veces cuesta llegar a dicho punto, pero este apego es completamente inútil cuando estamos en proceso de reajuste de la mezcla químico-vital. Los escenario posibles para el innecesario apego son dos: 1) nuestro proceso está en pleno cambio con lo cual la velocidad de reacción está determinada por un montón de condicionantes, catalizadores, etc; 2) La reacción se ha acabado y la mezcla es estable. La pregunta es: ¿tiene sentido luchar por un punto de equilibrio para una mezcla previa cuando nuestro proceso químico-vital es diferente? Definitivamente, no. Es allí donde me he descubierto gastando energían innecesarias para “cambiar” las cosas en lugar de aceptar e integrar los cambios que tenía frente a mí.  Digamos, para resumir, que la lucha por mantener nuestros viejos puntos de equilibrios o centros vitales, son una definición perfecta de sufrimiento.

So, let it go.

Fotografía de Phawr bajo licencia CopyLeft disponible en https://flic.kr/p/bvGAcX

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