Carta

Hola M:

Recibir tu mensaje fue algo curioso, sobre todo porque el día anterior había estado pensando en ti y en nuestra relación. Es obvio que el flujo de la vida nos acerca y nos “aleja” en su devenir, pero también es cierto que solamente estamos con un poco más de cosas entre los dos, pero no más distantes.

A veces pienso en cuán importante puedo ser para ti y cómo esa importancia no se corresponde con la expresión de los efectos y el contacto. En este sentido hace tiempo que dejé de buscarte, de llamarte y de insistir. Tomé la decisión de brindarte espacio, tiempo y la calma suficiente para crecer y vivir en la dirección que estimaras oportuno. Lo único que me resultó incómodo de ese proceso fue el no estar contigo para compartir las luces y sombras de esa experiencia.

Siempre nos han dicho que el amor es incondicional y me resisto a  creer que quien espera correspondencia en su amor trate de imponer una condición; creo que solo expresa abiertamente su necesidad de ser correspondido y amado, y eso, me parece muy sano y razonable.

Toda relación implica un proceso de conocerse, adaptarse y explorarse, y los tiempos para ello son muy variables. Sería muy interesante saber en cuál fase de las anteriores se encuentran nuestras relaciones con los demás, pero esas divisiones están muy difuminadas, mezcladas o son simultáneas. Solo la generosidad de dejar fluir al otro podrá ayudarnos en la esperanza de que este nos permita lo mismo. ¿Será esta una dulce e ingenua esperanza?, espero que no.

Kavafis se quejaba de los Muros que le construyeron y sabemos que solo necesitaba esconderse del mundo, de su mundo. De la misma manera no quería las Ventanas pues no estaba seguro de qué luz podría entrar por ellas y cambiar su esquema y mapa del universo. Lo gracioso es que todos somos Kavafis y todos tenemos Muros y Ventanas. Lo malo es que algunos decidimos poner más ladrillos y otros queremos que la luz, sea cual sea, nos invada en esa experiencia única.

Yo no creo en el amor en un solo sentido, siempre he proclamado que el camino de los afectos debe ser un proceso libre y de doble vía en donde somos disparados en la libertad de amar y ser amados. Y esa libertad, nos guste o no podemos usarla para guardar silencios y será potestad exclusiva de quien amamos, esperar y respetar los ritmos que en este viaje van surgiendo.

He aquí el texto de Kavafis al que hacía mención:

LAS VENTANAS.

En estas oscuras piezas, donde paso
días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo
para hallar las ventanas. –Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo–.
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe que cosas nuevas mostrará.

Deja un comentario