Baile y pisotones

Hoy no es uno de mis mejores días precisamente. Estoy fatal. Me duele la cabeza, el invierno me asfixia y no sé si en realidad me asfixio por el frío y el encierro o por mi propia mierda. Da igual. Hoy debí quedarme en casa, echadita en el sofá con la mantita. Y dejar que el puto mundo siga su puto rumbo hacia la puta mierda.

¡¡¡Vale sí, tengo la regla y qué pasa!!! Ojalá a los hombres le dolieran los güevos alguna vez para tuvieran una visión más cercana a la realidad de las mujeres. Cabrones. Estoy sensible, lo sé…tengo las tetas hinchadas…lo sé…no me aguanto ni yo, y ese es mucho decir. Y lo que más me mosquea es llegara casa y conseguir un vacío digno del Titanic después del hunidmiento. Y eso, lamentablemente es peor que una regla. Por supuesto, me lo he ganado a pulso. Y a ostias si ha sido necesario. Porque aunque me duela hasta el pelo, tengo claro que no caminará nadie por encima me mi vida. Nadie. Y si no encuentro un compañero de baile que realmente acompañe, ¿para qué coño querría yo que me pisaran los pies? Ni de coña.

Hoy me han mirado como a un ser extraño en la redacción. Bueno, aunque soy un poco extraña, todo hay que decirlo. Pero me refiero a otra cosa. Y debo decir que mis compañeros tiene razón, no soy de las mujeres comunes y eso es una pena. Soy extraña, distinta, como decía la Peca Dora, pero no tan intelectual como cuenta de esa gente. Soy visceralmente distinta, una luchadora. Y no hay hombre en este mundo que merezca mis dolores y tristezas si no está dispuesto a bailar y cuidarme los callos. Por lo pronto, mi carné de baile (qué vieja estoy ya) parece estar a la espera de algún valiente.

Esto está como lo de Men in Black… cuando se me pase la regla, no recordaré nada de esto

[Publicado originalmente el 26 de enero de 2007]

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