Ahora me ves…ahora no me ves

Hoy me vuelto a encontrar con una situación donde las máscaras que nos ponemos para escodernos o disfrazarnos, han hecho presencia. No se trataba de mi caso particular, mas sí­ de un amigo muy querido. Y me ha hecho pensar…mucho, debo reconocerlo.

Al “re-conocer” el mecanismo que usaba mi amigo, me pregunté si lograba hacerlo por “conocerlo” en primera persona. Y la respuesta es obvia: “pues claro”. Soy un maestro en el uso de las máscaras. En el fondo (y no tan en el fondo también) todos lo somos. Y creo que el problema no es que tengamos la tendencia de protegernos al usar máscaras, sino el saber, por qué tenemos que usarlas. ¿Será por no conocernos?, ¿nos atrevernos a ser nosostros mismos?, ¿por complacer a los otros en un falso entendiento de la aceptación y la tolerancia?, ¿por no creer en nosostros?, ¿no saber tan siquiera que somos una persona integral con todas sus caracterí­stcas buenas y no tan buenas, y con derecho y obligación de ser feliz?…creo que un poco de todo lo anterior.

Si tenemos la fuerza y valentí­a para preguntarnos por qué usamos máscaras, y más valentí­a para respondernos será de mucho provecho. Aunque a veces no sepamos qué hacer con ello. Lo importante es ver que una máscara no nos hace libres, por lo tanto, si vemos algo que no somos nosotros, ¿por qué seguir dejándonos a oscuras? Indudablemente, será mejor dejar que como a los buenos jamones dejarnos dar el aire y orearnos un poco.

Mientras menos máscaras y carga llevemos encima, más ligeros y preparados estaremos para vivir en libertad de nosostros mismos. Así no será necesario aparecer y desaparecer tipo hechizada, que la nariz no está pa’ tanto y urge darnos la oportunidad de ser felices y dejar de atentar contra nuestra propia alegrí­a.

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