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Oye, recuerda que aunque el tiempo ha sido duro muchas veces con tu niñez, ya no eres esa pequeña criatura indefensa. Hoy, eres fuerte y puedes levantar la cara y ver la vida que te invita a luchar por aquella personita que fuiste y que ha dado origen a este ser adulto que eres hoy. Por tanto, quiérete mucho, pero no caigas en la trampa de pensar que eres frágil como entonces. Solo así notarás, que la vida siempre se abre paso y que de lo insospechado surge la fortaleza que nos hace libres de nosotros mismos.

No levantes más murallas bañadas de tristezas añejas. Tan solo te doy una razón: ya no te hace falta.

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