50 vidas por libro (banda lectora)

Como ese momento en el que pasamos una página en blaco. Sí, así ha sido este tiempo sin escribir. Ahora con nuevo diseño, más años, más cosas. En fin, más vida vivida, que al fin de cuentas —y como decía mi abuela Olga— es lo que importa.

Tal como sucede en la música, los silencios son importantes en muchas áreas de la vida. Estos marcan ritmos, contrastes y dinámicas diversas que, en muchos casos, nos definen o completan. Esta entrada, sin embargo, no trata de los silencios, sino del contraste que estos marcan. Contretamente, en los libros. Sí, los libros que han llenado esta ruta de medio siglo de vida.

Hoy hablaba con @julianab soble la Biografía de mis libros —un tema que llevo mucho tiempo trabajando y escribiendo a destiempos— en respuesta a su pregunta de cómo llegué a la lectura. Pregunta hermosa donde las haya y, al mismo tiempo, complicada. No recuerdo con precisión cuándo empecé a leer de manera seria (si es que existe una manera no seria de hacerlo). Tal vez fuera cerca de mis quince años, cuando con mi vecina Dilcia compartía libros y pasión por las plantas del jardín de mi madre. Esos días Stephen Hopkings llegó a mis manos: Christine, Salem’s Lot, Cujo y La Zona Muerta. Particular recuerdo tengo de Manuel Puig y El beso de la mujer araña. Aunque si algo me trastosnó seriamente, fue Ernesto Sábato con El Túnel y muy particularmente, con Sobre héroes y tumbas.  De este último libro tengo fijado en la memoria El dragón y la princesa. También recordé, mientras caminábamos esta tarde, mis primeras visiones de El jardín de las delicias de El Bosco y de La anunciación de Giotto. Es impresionante cómo se quedan en la memoria esas sensaciones, el tacto del papel, los colores… ¡la  textura de las tapas de la Colección Básica Salvat!

Más que una memoria de años, tengo una memoria de libros y ese es un un hecho fascinante. Es un curioso proceso de conectar un texto con una situación particular, con un momento vital, incluso con las personas. Una vez participé en un programa de radio para OK 101 —en Barquisimeto, mi ciudad natal— y el libro que acompaño ese proceso fue Poemas inéditos de Fernando Pessoa en una preciosa edición de FUNDARTE a cargo de Teódulo López Meléndez. Libro que se convirtió con los años en puerta a la vida mi mi desaparecida amiga Vilma.

Mención aparte merece el poemario Morgue y otros poemas de Gottfried Benn editado por Pequeña Venecia y traducido por Verónica Jaffé: ¡qué grande ese «Pequeño Áster»!

En definitiva, que a la vuelta de todos estos años, me he dado cuenta de que, más que  contar historias o recordar hechos específicos,  intento descubrir esas 50 vidas por libro que me ha regalado este caminar. ¿Lo mejor de todo esto? Los otros caminantes de las páginas que me han acompañado en la construcción y disfrute de la «banda lectora» de esta «vida de libro».

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