43 campanas siguen doblando por nosotros

Citar a Done y a Hemingway en el título de esta entrada no es casual ni fashion, todo lo contrario.

Decir que las campanas ancestrales que nos conectan con toda la humanidad resuenan insistentemente es quedarse corto ante algunos acontecimientos recientes en los que como civilización –si es que se puede usar ese término– hemos vivido.

Ver en las noticias de cada día la barbarie, el salvajismo, el odio, la avaricia y la insensibilidad que parecen sacadas de una mala película post-apocalíptica es un recordatorio de hasta dónde somos capaces de llegar infringiendo daño y, lo que es peor, soportándolo.

Denunciar la podredumbre muestra de cada día es parte de la labor a la que estamos llamados. Las letras no son útiles sólo para el esparcimiento. También deben serlo para la denuncia, el compromiso y la manifestación pública de aquello que nos degrada.

Aceptar este destino de resonador para el mundo fue lo que me hizo formar parte del proyecto editorial «Cuadernos de Ayotzinapa. Ejercicios de memoria colectiva», convocado por Normando Gil y Modesta Suárez para Ombú editions en 2016. Para este proyecto escribí «El sueño», un breve cuento que reviste una intensidad emocional extraordinaria. Con este texto aprendí aquello de que «en la escritura lo mejor que puedes hacer es no estorbar a los personajes». Fue un proceso largo, no de escritura, ese fue rápido, lo largo fue la reflexión. Siendo hijo de una Venezuela que se recuperaba de la dictadura en la que conocía de primera mano la cara del poder y habiendo optado por el auto-exilio ante una nueva militarización y destrucción de las instituciones civiles con muy pocas esperanzas de futuro, conocía perfectamente de lo que era capaz la maquinaria del poder. De hecho, creo que si existe algún tipo de ADN de los países americanos es el de la costra que genera la resistencia a la opresión, resistencia entendida como un modo de vida.

Mostrar desde la literatura nuestra solidaridad por cada uno de los desaparecidos, abusados, torturados, asesinados, maltratados, sobrevividos y sobrevivientes es una responsabilidad íntima y pública que se ha concretado en «El sueño», en todas las Lupes y en todos los sueños.

Leer este texto es darle continuidad a la protesta, a la memoria y al reclamo permanente. Aquí dejo dos versiones: la primera aparecida en la edición original de Toulouse que se puede leer en línea y desde donde se puede adquirir la edición para cubrir los costos de impresión:

http://www.ombu.fr/livres/26-cuadernos-de-ayotzinapa

y la segunda, es la edición que ha hecho Luis Marcelino Gómez en la revista bilingüe «Aguas del pozo / Waters of the Well» de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. En este caso, junto al texto original aparece la versión en inglés amablemente hecha  por Vicente Chacón Carmona de la Universidad de Sevilla y editada por Andrew Scott Wike:

«El sueño / The Dream»

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Foto de Luis Manuel Madrigal bajo licencia CopyLeft – https://flic.kr/p/rn89TS

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