¿Qué decías amor? –preguntó, mientras limpiaba la sangre de sus manos y su voz se perdía tras las cortinas de piedra.
Nada, nada. Contesté.
Ya sabía que las palabras morirían conmigo antes de llegar a mi boca.
¿Qué decías amor? –preguntó, mientras limpiaba la sangre de sus manos y su voz se perdía tras las cortinas de piedra.
Nada, nada. Contesté.
Ya sabía que las palabras morirían conmigo antes de llegar a mi boca.