No quedan virutas perforando la memoria.
En mis uñas no hay rastros de piel ennegrecida,
ni retazos de camas dolorosas
esperando el levantarme.
No hay oscuro despertar a la locura
de parir luciérnagas enanas,
ni huellas de las noches moribundas
que escondieron mi tristeza en sus rodillas.