Todo tiene un comienzo

Mientras el aire frío del invierno congelaba sus negras lágrimas de rimel, hundía con rabia sus tacones en el albero sordo del parque, al tiempo que maldecía a ese cabrón que nunca debió cruzarse en su camino -como se decía con frecuencia. Serían las tres de la madrugada y como cualquier noche de invierno, aquellas calles eran un desierto. Salió del parque dando una mirada rápida y sin un destino preciso. Decidió llegar hasta la Alameda y tomarse un cubata en el Hércules Mítico, un bar tutti-sexual que no estaba del todo mal para el nivel de la zona, y que a esa hora era casi el único sitio en el que entrar en calor.

Pidió un cacique-cola y se sentó en un rincón mientras el sabor y efecto del ron fueron metiéndosele en el cuerpo con esa sensación calentita que tanto le agradaba. Allí, mientras se limpiaba las lágrimas, y se revisaba los porrazos, nació el misterio; de la rabia, de la impotencia, del deseo de libertad. Nunca volvió a ser la misma, y eso, se notó. Que si se notó…?¡¡ Había nacido La Killa.

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