Anti-Prólogo

Anti-Prólogo o cómo la poesía de Pedro es en realidad un oficio cotidiano del amor

“Me contaste que tu padre
era un pequeño mar…
Me contaste que en tu casa
la lluvia naufraga
y tus hermanas castran
furiosas los almendros”

Roque Dalton

Las noches son largas y los días ásperos, viscosos y espesos. A veces conseguimos estrellas rotas y algunas esperanzas callejeras envueltas en la ternura de su poética irredenta e irreversiblemente avasalladora, del escritor Pedro Carrillo

Emparentado de manera tropical y mercúrica con Roland Barthes, Kavafis y otros más cercanos a su joven discurso poético, encontramos trazos de gemidos de Ramos Sucre y algo de la irreverencia conmovedora de un Víctor Valera Mora. Él aún no está absolutamente consciente del testimonio devastador que habita en su poesía, a ratos vuelta huracán, ciénaga urbana, intersticio de luz de algún edificio derruído, hecatombe, pero lo que siempre llama la atención es ese homenaje permanente altexto, que habla por sí solo:

“Desierto
este trozo muscular
de sueños
que se ahogan
en mi pecho”

No hubo lugar para el desafuero en sus sueños, todo lo contrario, sus pesadillas cotidianas son poetizadas de manera muy particular y el gemido se transforma en palabra artera para la reflexión profunda:

“Cruce de caminos
disyuntiva
vuelo
libertad
conseguí la clave del acertijo”

o para resumirnos una posible imagen del silencio cuando señala:

“Esta soledad rompe mis huesos
desierto gélido
en el que camino
dejando regados
trozos de piel
aún sangrantes”

Desenfreno de dudas, de malestares rutinarios e inhóspitos espacios, hacen posible la apertura de los mundos inexorables de su prosa poética y su poética hecha prosa, en cuyo tempo están ciscunscritas, las notas musicales del alama, de la vida y de su devenir incorporado al cosmos, sin posibilidades exactas, sino contracorriente; siempre la duda asaltando de manera críptica l aotra orilla de la otredad del poeta para encandilar a los asaltantes de espejismos y fatuidades en la palabra.

Palabra nueva esta, verbo renovado con el aliento de la nostalgia y engrandecido con la sensibilidad frágil y dolorosa de Ser, de sus instancias íntimas, de la substancia de vivir y el habitar, donde se suceden rituales ancestrales, que involuvcran las imágenes del Alter Ego, del otro y los otros, en una en una sincronía estructurada de poemas. Así es De Lunas, Vientres y Sueños…, primer libro de poemas de Pedro Carrillo, cuyo privilegio he tenido de presentarlo en el universo sabrado de los oficiantes de la palabra previo arribo de un tercer milenio de la palabra, para que además ella sea recordada por siempre, a pesar de todas las tecnologías y maniobras que pretenden acallarla o domarla, tratando de evitar que ru roce pueda seguir lacerando nuestras pieles radioactivas…

Igor Zamora

Barquisimeto, Enero de 1997.

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