El bien de tu mal

Muchas veces me he molestado seriamente ante lo que he considerado un abuso, agresión o violencia hacia mi persona. Otras me he sentido traicionado, decepcionado, subvalorado.

Supongo que tod@s nos hemos sentido así­ alguna vez. Con mayor o menor razón. Así­ es la vida y así­ es el ser humano. Pero dentro de toda esa “diaria locura de las relaciones”, como decí­a Pessoa, he descubierto algo muy particular:

Nunca he podido valorar en el momento cuánto bien puede hacerme el mal ajeno.

Es cierto, quizás suene extraño, -algun@ podrá pensar que masoquista-. Lo cierto es que después de experimentar la frustración de alcanzar unos resultados diferentes a mis expectativas, he podido ver cosas que antes no distinguí­a.

Por ejemplo, le agradezco profundamente a mi antigua pareja el haberme dejado en el momento más “inoportuno” y en las “peores” condiciones, porque gracias a eso puede estar abierto y encontrar a quien comparte mi vida y mi locura. Todo ese cambio de situación me llevó a aligerar mis planteamientos y ver un poquito más allá de mi nariz.

Al final he descubierto que nada de lo que me hagan, me quiten, me digan o no me digan puede lastimarme como tal. Soy yo quien permite y da valor y peso a las acciones de los otros.

Ahora estoy muy tranquilo, mi monstruo-niño-adolescente-adulto está en paz, regado con las mieles del bien del mal de otr@s.

PD: cuando me aclaré y pude romper mis apegos a esa relación, escribí­ un texto que dejo de testigo. Y que leo con frecuencia para no quedarme “aferrado al andén de mis deseos”. Que aproveche.

Breves,
En el fondo de la espera,
han quedado los anhelos de este sueño.
Quizás tu tiempo está a la espera de otro tiempo,
pero este tren de lejaní­as no regresa.
No hay billete a mi regazo que te espere,
no hay parada en este vuelo interminable.
Ni siquiera traje un pañuelo blanco para
- como en las películes viejas -
decirte adiós melancólicamente
mientras tu imagen se pierde en el horizonte
aferrada al andén de tus deseos.

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