En el mundo de la traducción existe al premisa de que nunca se traducen palabras sino culturas. Ante esta idea surge la duda del cómo se produce y qué implicaciones tiene este traducir. Umberto Eco hace un excelente análisis del proceso de la traducción en “Decir casi lo mismo“, obra editada por la Editorial Lumen donde reflexiona sobre el qué se dice, lo que se dice y cómo se dice.
Parecerá extraño hablar de traducción si el título de este artículo es Intermediación Digital. Es simple: todo proceso de traducción está enmarcado dentro de una intermediación cultural, en la que quien traduce cumple la misión de nodo/interface entre dos mundos: la cultura de partida y la de llegada. Si estos conceptos los aplicamos al proceso de facilitación y acercamiento desde y hacia el mundo digital, tendremos inequívocamente una experiencia de intermediación digital.
Hace algunos días en un taller sobre Web 2.0 uno de los participantes nos pidió que le tradujéramos el mundo 2.0. Esta petición me ha hecho reflexionar seriamente sobre nuestro papel en los procesos de enseñanza-aprendizaje de las estrategias de uso de las tecnologías de información y comunicación: hemos de ser, necesariamente, traductores.
¿Qué hacer ante un requerimiento de esta naturaleza?: traducir/intermediar. No hay otra opción posible. Llevar adelante esta empresa implica el conocimiento profundo de la cultura de llegada, pero ¿cómo será el movimiento?, ¿de la persona hacia el mundo digital o del mundo digital hacia la persona?: en ambos sentidos.
En el mejor de los casos tendremos el reto de ser interfaces transparentes que faciliten los procesos y no modifiquen los mensajes en el camino.







